De la creencia…

Hoy le toca el turno a Jaione Gaarcia, terapeuta que trabaja en Barcelona y a la que tengo la suerte de conocer. Aporto uno de sus escritos al que adjuntaré una foto .

Gracias por  permitirlo compartir Jaio.

” La creencia sobre el amor incondicional hacia los hijos está muy arraigada en nuestra cultura, cargamos con ella sin replantearnos las connotaciones que lleva implícitas y puede llegar a convertirse en una trampa que nos impida asumir con sinceridad la totalidad de nuestros sentimientos.
Reconocer y aceptar sentimientos de rabia y desamor, que también forman parte de nuestro sentir como padres o madres y como los seres humanos completos e imperfectos que somos, está vedado por la censura que lleva implícita esta creencia: no es compatible amar incondicionalmente y sentir desamor, por lo tanto, o me niego a mí mismo el reconocimiento de ciertas emociones por las que siento rechazo (la propia creencia las rechaza), o tengo que aceptar que mi amor no es absoluto y sin restricciones como se esperaría de mí, sintiéndome culpable por no ser una buena madre o un buen padre.
Nos negamos a reconocer nuestro egoísmo, nuestra agresividad y nuestras venganzas para con nuestros hijos, y las ocultamos y disfrazamos con palabras y actos compensatorios para aliviar nuestra incoherencia interna. La negación de nuestra agresividad no nos hace padres o madres más amorosos. Sólo cuando somos capaces de reconocer y aceptar que en el amor hacia nuestros hijos también hay momentos de desamor, podremos empezar a desintegrar una creencia que nos aprisiona con una exigencia inalcanzable. Reconocer la condicionalidad de nuestro amor nos permite transformar la culpabilidad en responsabilidad. Y es que no podemos elegir lo que sentimos, pero sí podemos elegir lo que hacemos con eso que sentimos.”

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Una respuesta a De la creencia…

  1. aurvitoria dijo:

    Creo que soy yo la que más habla del amorincondicionl a ls hijos y con este post creo que expreso incorrectamente lo que quiero decir. Evidntemente nuestros sentimientos hacoia ellos varia: tenemos celos de su juventud, odiamos sus rabietas, lo matarías cuando es la sexta vez que te despierta por la noche…Pero los miramos a través de otro cristal. Los perdonamos con otra bondad que no tenemos para el resto de los mortales. Mi “incondicionalidad” se refiere a esa mayor tolerancia a los “disgustos” que nos dan los hijos. Si lo hace tu madre, tu hermano, tu pareja la respuesta será más visceral y con ellos…, a pesar de los pesares, tienen ganado un terreno que los demás no.

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