El amor en la pareja

Como estoy un poco vaga, comparto un texto:

EL AMOR Y LA PAREJA

Por el Lama Ole Nydahl

Traducción al español: Miriam Cotes Benítez

Las alegrías más grandes y los mayores dolores de los seres humanos ocurren en el reino del amor y las relaciones. Cada vez que nuestros corazones laten más fuerte o nuestros lentes se empañan, lo sentimos como algo extremadamente personal. Experimentamos nuestros sentimientos como algo especial que nos sucede a nosotros, pero si miramos más de cerca, éstos tienen raíces aún mucho más profundas. Lo que parece ser una experiencia muy privada es realmente el encuentro y la integración de los principios más fundamentales del universo.

El espacio abierto y atemporal, el potencial de todas las cosas, juega en forma libre, expresa su poder y experimenta sus cualidades a través de la dualidad. Al manifestarse como cerca y lejos, como emocional y conceptual o como hombre y mujer, llega a realizar su potencial total. Si sólo hay espacio, nada sucede. Aunque el espacio es inseparable de la consciencia, el gozo y el poder no se generan allí. Sin embargo, si el espacio se expresa por medio de la dualidad, algo inherente surge y aparece una gran riqueza. Esto es similar a lo que sucede en los laboratorios cuando los átomos se dividen y luego se juntan y se hacen chocar a grandes velocidades: las poderosas energías ya estaban en el átomo, pero sólo aparecieron cuando el átomo se dividió y luego se juntó otra vez.

También con el enamoramiento, cuando un ser se abre al otro y las esencias masculina y femenina se encuentran, es importante entender que las cosas son menos personales de lo que aparentan ser. Lo que se experimenta como privado es en realidad muy general y la conjunción de esta dualidad es esencialmente una oportunidad sorprendente para el crecimiento exterior e interior. Dado que el espacio engendrado entre dos opuestos contiene todas las posibilidades, su unión es más que la suma de las partes. Esto quiere decir que cuando lo masculino y lo femenino se encuentran completamente, aparecen cualidades que ninguno de los dos tenía antes. Por supuesto, los individuos siempre aprenden unos de otros, pero cuando hay amor, se agrega una dimensión. En sí mismo, el campo de energía que surge de la atracción mutua y los estados que trascienden lo personal derivados de la experiencia del espacio y la bienaventuranza, son de la naturaleza de la inspiración. Aspectos antes no conocidos de la mente se vuelven vivos cuando nos acercamos y nos tocamos profundamente entre nosotros. En el amor hay más productos que insumos porque la situación en sí es muy productiva. Surgen muchas cosa que antes estaban latentes.

Este proceso se hace activo en cualquier forma en la que uno se abra. Algunas personas son más conscientes del nivel externo y gozan plenamente de pasar largas horas en cama. Otros se encuentran en el nivel interno: comparten intereses y quieren hacer cosas similares. Y algunos más se sienten unidos porque son complementarios en los niveles de visión más profundos. Ya sea que una relación gire en torno a la atracción física, el sentimiento interior o la identificación profunda, siempre hay mucho que aprender. Si uno trabaja inteligentemente con lo que hay, un crecimiento humano cada vez más completo se materializará. Como esto sólo es posible en una atmósfera relajada, es importante evitar las expectativas y la competencia en las relaciones. Aunque el Buda de ninguna manera quiere que las personas se aferren a modelos indeseables y con frecuencia menciona la dificultad de encontrar la forma de no hacerlo, desde el momento en que los seres deciden crear un vínculo, es importante que trabajen juntos. Apoyarse el uno al otro cuando se trabaja en el mundo tiene mucho sentido y esto puede hacerse más fácilmente cuando se piensa en “nosotros” y no en “ella y yo”. Usualmente los miembros de la pareja tiene altos y bajos juntos y, de todas maneras, la felicidad y el sufrimiento dependen de la visión que se tenga. Por lo tanto, si nuestra pareja tiene características especiales es importante compartirlas. Pensar o decir “mira, podemos hacer esto juntos” remueve los sentimientos de división y una gran alegría aparece cuando experimentamos que nunca nos chocamos con una pared. No hay fin para la mente.

Entonces, dado que la vida se hace cada vez más corta, ¿cómo podemos hacer que un alineamiento de fuerzas tan perennes se dé en el reino humano de las relaciones cotidianas? En el nivel externo es mejor dar al otro la mayor felicidad posible, ser conscientemente buenos con nuestro compañero o compañera y disfrutar de las ricas diferencias del principio masculino y el femenino en el acto del amor: se trata de ir al otro como si uno estuviera yendo a un templo, con una gran apertura. Si uno no es monje o monja, es útil ver el cuerpo como un instrumento para darles felicidad a los demás. A nivel interno, en el encuentro amoroso se equilibran la sabiduría y la compasión. Los hombres tienen más método y las mujeres más intuición y en una atmósfera de confianza, absorber estas cualidades trae resultados asombrosos. Aqui los obstáculos son elementales pero obstinados y su remoción requiere de mucha buena voluntad: los hombres separan el día y la noche. Muchos son rudos en el trabajo y con frecuencia olvidan cambiar de tono cuando hay mujeres cerca. Por la noche, sin embargo, lo olvidan todo. Su mente se quiere ocupar ahora del amor y la diversión y se preguntan qué les sucede a las mujeres que se quedan atascadas en su propio ritmo de 24 horas. Si no se la trató bien durante el día, no estará dispuesta a soportar mucha agua caliente por la noche. Dado que ambas partes son susceptibles a estas alturas, y la vida debe utilizarse bien, aqui hay algo a lo cual se le debe prestar atención.

El nivel profundo de la unión entre lo masculino y lo femenino se representa con los símbolos budistas del loto y el diamante. La mujer es el loto: es naturalmente generosa y quiere significar algo para alguien. El hombre es el diamante que se satisface con brillar para sí mismo. Integrar el loto y el diamante, ya sea en la relación con otro o en la soledad, produce la alegría última del funcionamiento total que también se hace visible en el nivel interno y externo. Saber que esta perfección trasciende lo personal hace que la compasión y la sabiduría se expresen naturalmente y, herir a otros, a no ser que se haga para beneficiarlos al nivel último, es algo en lo que ni siquiera se piensa.

Entonces, ¿qué clase de amor existe? Esencialmente el generoso y el que quiere recibir. Hay que tener cuidado con el apego: limita la libertad, quiere controlar y siempre está preocupado por el pasado y el futuro. Si se desarrollan sentimientos de este tipo, hay que deshacerse de ellos inmediatamente. Se convierten en una prisión y no lo benefician ni a uno ni a los demás. Lo opuesto es el tipo de amor enriquecedor que se expresa en proverbios populares como aquel que dice que “si amas a alguien, déjalo libre”. Aqui uno comparte la visión de que los otros se desarrollen y si se quedan o se van, está bien. Uno se centra en su crecimiento y el sentimiento de plenitud da espacio a los otros para crecer. A la postre todos serán más ricos que antes.

Debemos distinguir cuatro expresiones distintas de este último tipo de amor positivo. Dos de ellas nos son muy familiares y las otras dos son más abstractas. Una tiene que ver con el dar y el tomar que se da entre las personas, al que frecuentemente nos referimos como amor. Algunas veces un miembro de la pareja tiene más para dar, pero hay un equilibrio básico y los dos se benefician directamente.

La compasión también encaja aqui. Es noble en tanto nadie se mantenga débil y siempre reciba, sino que se haga más fuerte para que más tarde también pueda dar. Funciona en la medida en que ninguna de las partes hace cálculos de pérdidas y ganancias y ambos son lo suficientemente inteligentes como para evitar el orgullo y la dependencia. Esta es la clase de sabiduría que se necesita para manejar problemas globales como el Islam y la superpoblación.

El gozo empático significa compartir con alegría los eventos positivos incluso cuando no tienen nada que ver con nosotros. Es maravilloso cuando algo bueno pasa: el sufrimiento se reduce y la libertad y el crecimiento se hacen posibles. Las situaciones civilizadas que permiten que la cantidad se convierta en calidad proporcionan algunas de las más importantes satisfacciones de las que la mente es capaz.

El nombre de la más sutil expresión de amor con frecuencia sorprende a los occidentales, que creen que más que un sentimiento se trata de una filosofía o enfoque. Aqui estamos hablando de la ecuanimidad que quiere decir que tenemos la consciencia de que todos tienen la naturaleza búdica bien sea que lo sepan o no. La comprensión de que la mente de todos los seres es esencialmente luz clara y que ningún evento o acción puede destruir su potencial hace más fácil mantener la mirada pura del mundo externo e interno.

 

Traer estas dos enriquecedoras clases de amor al mundo requiere de sensibilidad por parte de la pareja. Las mujeres que tienen pocos hijos o ninguno deben tratar de refrenar el impulso de educar a su pareja en lugar de educar a su hijos. Los hombres que consideran que sus mujeres son inversiones deben pensar que siempre es mejor hacer una inversión que crezca. En ambos casos lo mejor es proporcionar un espacio benevolente, dar consejos si se los piden y trabajar con lo que es posible trabajar. Ambos deben ser conscientes de que cada momento puede ser el último y de que el amor que surge de la riqueza y la confianza trae muchas más satisfacciones que el que surge de la dependencia. Una pareja que ama a partir de aquello que le sobra es mucho más excitante que aquella que ama a partir del simple deseo de mantener la relación andando o de evitar problemas.

En los casos en que la diferenciación de roles se da naturalmente, como cuando el hombre necesita tomar distancia para aclarar su cabeza o la mujer necesita hablar más largamente de un asunto, ambos lados deben tratar de amar a su contraparte por lo que es. Es importante la confianza en el otro y que se mantengan los vínculos. También ambos deben beneficiarse de los cambios que se dan en el nivel intuitivo o en el práctico. Lo contrario se da con demasiada frecuencia entre los musulmanes y también entre los cristianos fundamentalistas. Las relaciones y las familias se convierten en ollas de presión en las que el hombre mira el mundo, la mujer mira al hombre y los hijos miran a la mujer. Sólo el amor profundo y la confianza pueden disolver estructuras dependientes como esa, que limitan el potencial de los seres y los obligan a permanecer entre la esperanza y el miedo y a vivir una vida centrada en el pasado o en el futuro. En las culturas mencionadas con anterioridad, en las que las reuniones honestas entre los sexos no se permiten, se necesita mucho coraje. Sin embargo, vale la pena. Trascender el miedo de estar abiertos aquí y ahora es algo maravilloso. Todo se vuelve radiante y pleno de posibilidades de juego y el sentimiento de ser el uno para el otro hace que el crecimiento de cada quien se convierta en una riqueza compartida. Por medio del espacio ganado, ambos encontrarán nuevos aspectos de su propia fuerza interior que, a su vez, traerán mayor inspiración. Entre más comprendamos esto y entre mayor sea la confianza en el espacio, más liberadoras y maravillosas se volverán nuestras relaciones.

El budismo proporciona elementos para que todas las situaciones reflejen la inherente perfección de la mente y que hacen que la gente no deje opacar su potencial. El simple entendimiento de que nada que no esté en nuestro karma nos va a suceder se constituye en una red de protección perfecta y hace que las cosas se vuelvan manejables. Estos elementos nos permiten amar, expresar compasión, sentir gozo empático, ser conscientes de la ecuanimidad y, por lo tanto, hacer del mundo algo maravilloso.

¿Qué es, entonces, lo que aprendemos cuando se juntan lo femenino y lo masculino? Guardo la esperanza de que las impresiones sensoriales de un amor felizmente compartido estén bien vivas en cualquiera que lea este texto. Sin embargo, esto es sólo la punta del iceberg de un intercambio más completo. Si uno se abre a una mujer en todas las situaciones y experimenta sus manos, sus curvas, su gozo, sus movimientos y la textura de su forma de hablar y de su cuerpo, surgirán niveles adicionales de experiencia. Si dejamos que nos inspiren más allá del ego y los conceptos, veremos que las mujeres transmiten cinco sabidurías diferentes que verdaderamente van más allá de cualquier límite. Esta es la razón por la cual en muchas culturas, las musas o dadoras de inspiración son femeninas.

El Buda y otros yoguis posteriores a él lo han entendido asi. Dicen que cinco tipos de sabidurías iluminadas son la esencia de lo femenino. Gradualmente estas sabidurías serán absorbidas cuando el hombre va a la mujer como a un templo, con sorpresa y devoción ante la maravilla de la feminidad.

La primera sabiduría es llamada sabiduría como espejo y es la transformación del sentimiento ordinario de la ira. Muestra las cosas como son, sin adicionar o sustraer nada. La naturaleza de la mente y lo que ella manifiesta se ven claramente.

La segunda sabiduría, que recibe el nombre de igualadora, purifica el orgullo ordinario. Muestra que las cosas son muy ricas y llenas de facetas, que son compuestas y llenas de potencial.

La sabiduría discriminativa aparece cuando uno se libera del apego. Esta sabiduría es la capacidad de ver a cada persona y situación separadamente y como parte de una totalidad viviente.

La sabiduría de la experiencia proporciona el poder mental para ver y seguir una larga secuencia de experiencias y para aprender de la historia. Esta sabiduría es el principio transformado de los celos o la envidia.

La gran mayoría alcanza la sabiduría intuitiva o que todo lo permea a través de las primeras que son periféricas. En esencia, ésta es la transformación de la ignorancia básica. Si uno puede lograrla, los velos más profundos de la mente se romperán totalmente por medio del más profundo amor o los actos de protección más grandes. Aunque las diferentes mujeres nos inspiran de distinta manera, trayendo a nuestro corazón entendimientos intuitivos diferentes, si hay suficiente amor una sola mujer nos puede traer las cinco sabidurías. El cortejante devoto obtendrá, entonces, las cualidades expresadas por medio de los símbolos del diamante, las joyas, el loto, la espada y el Buda, esto es, las representaciones de las cinco sabidurías antes mencionadas.

¿Qué gana una mujer al abrirse a la fuerza de un hombre? Cuatro actividades hábiles. Aunque intuitivamente ya las utilice al nivel de su familia o su círculo cercano, aquí alcanzan una dimensión impersonal que puede favorecer al mundo entero. Los hombres son esencialmente de la naturaleza de la actividad, tienen cinco puntos de gravedad y manos grandes y aunque hay cientos de miles de acciones que realizan, todas caben dentro de cuatro categorías.

Un tipo de hombres es básicamente pacificador. Estos hombres son joviales y amables, a veces incluso llegan a ser tan dulces como una pera. Calman a todos y quieren que se sientan bien.

Un segundo tipo es aquel que se encuentra en todas partes, siempre iniciando y probando cosas. Aunque estos hombres no son necesariamente musculosos, son muy activos e incrementan el potencial de todas las cosas.

El tipo fascinador viene de tercero. Trabajan con la atracción, saben cómo causar una impresión, abrir los corazones y ponerse y decir siempre lo adecuado.

A la postre, sin embargo, el mejor amigo de una mujer pertenece al cuarto tipo. Es fuerte y protector y siempre se quedará cuando todos los otros se hayan ido. Aunque no sea muy versado en la moda, puede confiarze en él para el trabajo duro.

Evidentemente, las mujeres desarrollan primero que los hombres las características de su pareja. Al ser tan intuitivas, desarrollan más rápidamente las actividades de los hombres que éstos sus sabidurías. No hay una forma más directa de crecer que abrirse totalmente al amor.

Hasta el momento hemos examinado la unión completa entre lo femenino y lo masculino, tocando parcialmente la situación de aquellos que no tienen pareja, ya se trate de laicos o de monjes/monjas. Sobre las relaciones homosexuales no tengo mucho que decir porque carezco de experiencia. Además de éstos, hay tres tipos de contacto entre los sexos opuestos, en los que la sexualidad no está involucrada. Son más estables, pero la excitación es menor.

Las mujeres pueden encontrar un padre o los hombres una madre que los proteja y les muestre cómo es el mundo o el hombre puede encontrar una hermana y la mujer un hermano con el que aprendan y compartan el crecimiento. La cuarta forma en que los sexos pueden complementarse uno al otro es por medio del intercambio con una hija o un hijo. En cualquier nivel en el que estas relaciones se den, un círculo se completa. Sin embargo, no fue sólo para ahorrarles las molestias propias de una vida familiar que el Buda les aconsejó a muchos de sus estudiantes que se quedaran solteros. La gran felicidad que surge a través de una buena conexión con una pareja es equivalente al sufrimiento que se deriva si la conexión es negativa.

Si somos lo suficientemente inteligentes como para mantener abiertas las opciones mencionadas más arriba, podremos danzar por la avenida de la vida con nuestras antenas colocadas en todas partes. Podremos saber, proteger, aprender y equilibrarnos a partir de todos los opuestos a nuestro alrededor. Al no juzgar, al mantenernos abiertos sin expectativas ni ideas fijas, gradualmente las cosas empezarán a ocupar el lugar correcto y todo se dará para bien. Nada puede ser más enriquecedor que este compartir. ¿Tiene algo más sentido que transformar las voces, los movimientos y todas las situaciones en una iniciación continua, en el proceso continuo de la vida? Ver el potencial de otros como un espejo de nuestra mente es el camino para el más grande poder interior.

La clave para arriesgarse a dar este paso es la voluntad de confiar en lo positivo, con la seguridad que nos da nuestra penetración en la naturaleza absoluta de las cosas. Sin embargo, es imprescindible deshacernos de una concepción errada que a veces ha hecho carrera: casi todas las personas creen que existe una verdad en la mitad, arriba de la cual hay sueños rosados y debajo de la cual hay negras depresiones. Esto es falso. No hay lugar en el medio. Aunque la gente describa las cosas utilizando palabras similares, sólo aquellos que experimentan la unidad de sujeto, objeto y acción están más allá del color de las cosas. Más convincente que nada es el hecho de que el amor nos muestra que para ir a una tierra pura no es necesario morir y que para encontrarse con los budas lo único que uno necesita es limpiar sus ojos aquí y ahora.

En cualquier encuentro tiene sentido ver siempre al otro en el más alto y más puro nivel. Subvalorar a los otros no sólo es completamente opuesto a la naturaleza absoluta de todos, la budeidad, sino que hace que la gente se empobrezca. Mientras que la riqueza de todas las cosas se experimenta automáticamente, podemos empezar a entrenarnos para ver lo que es significativo y hermoso en nuestra pareja empezando por lo más sencillo. Por lo tanto, utilizando aquello que esté a nuestra disposición, debemos permitirnos sentirnos bien al respecto de la relación, darle espacio a la experiencia para que crezca y no quedarnos atrapados en una molesta relación con base en el ayer y el mañana. En su lugar, debemos hacer lo que es posible aqui y ahora para obtener la fuerza del momento y disfrutar la riqueza de una situación dada. Es importante no comparar lo que hubo antes con lo que hay ahora y utilizar esto último de la mejor forma posible. El presente es un regalo que el amor nos da y aunque pocos se dan cuenta de ello, la unión de lo femenino y lo masculino en los momentos más grandes del amor es el estado que trasciende la dualidad.

Unas cuantas ideas sobre un tema siempre fresco, pulidas en el vuelo Moscú-Vladivostok, en febrero de 1996. Que cada momento de apertura compartido nos lleve a darnos cuenta de lo maravillosos que somos.

 

 

 

 

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