El corazón y sus cuatro compartimientos

 

Seguimos con el libro:

Muchas culturas aborígenes creen que el corazón es el puente entre el Padre Cielo y la Madre Tierra. Para estas tradiciones, el corazón de cuatro compartimientos, la fuente que mantiene nuestra salud emocional y espi­ritual, se describe como pleno, abierto, claro y fuerte. Estas tradiciones creen que es importante comprobar el estado de los cuatro comparti­mientos de nuestro corazón cada día, preguntándonos: «¿Tengo hoy el
corazón pleno, abierto, claro y fuerte?» 

Cuando no ponemos todo el corazón en algo, hacemos las cosas a medias. Esta sensación de estar a medias surge cuando debemos hacer algo que en realidad no deseamos hacer. El hecho de sentirnos a medias nos anuncia que estamos en un lugar equivocado y es el momento de apartarnos de esa situación.

 Cuando no tenemos el corazón abierto, estamos cerrados. Estar a la defensiva, encontrarse con las propias resistencias y protegerse ante la posibilidad de sentirse herido son señales de que tenemos el corazón cerrado. El remedio para este estado consiste en ablandarse y reabrir el corazón. 

Cuando nuestro corazón no está claro, nos sentimos confusos, duda­mos. En tal caso debemos esperar. Los estados de ambivalencia e indife­rencia son los precursores de la confusión y de la duda. Cuando experi­mentamos cualquiera de estos estados, se nos está recordando que hemos de aclararnos antes de emprender una acción

Cuando no sentimos algo con fuerza es cuando nos falta coraje para ser auténticos y decir lo que es verdad para nosotros. Cuando sentimos algo con fuerza, tenemos el coraje de ser quienes somos en nuestra vida. La palabra «coraje» deriva de la palabra francesa coeur, y etimológicamente, significa «la habilidad de defender el propio corazón o el propio núcleo». Cuando exhibimos coraje, demostramos el poder curativo de prestar atención a lo que tiene corazón y sentido para nosotros. Como se evidencia en este poema azteca, el corazón y su relación con la autentici­dad ha sido un tema perenne, utilizado a lo largo de los siglos. 

La persona madura:

corazón firme como una piedra,

corazón tan fuerte

como el tronco de un árbol.

Rostro noble, rostro sabio;

dueña de su rostro,

dueña de su corazón.

La persona madura:

rostro noble, corazón firme

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