Yo también te quiero

Mami, sé de tu dolor desde que flotaba en ese tu dulce líquido. Sentía cómo tu calor se enturbiaba por fuertes sonidos que me llegaban de lejos y al recibirlos, las aguas se movían y sentía tu dolor y sentía la tristeza que turbaba mi paz por sentirme en tus adentros.

Yo quería que supieras que estaba contigo y me movía para que me sintieras y tú…dúlcemente me decías: “Cariño, no estoy triste por tí, tú eres mi sol y mi vida y soy feliz por saber que estás ahí”.

Hoy, sigo viendo de vez en cuando correr por tus mejillas unas lágrimas pero ya no  corren por la misma razón. Me miras cuando te pregunto por ellas y con una sonrisa me dices: Lloro de felicidad y amor.

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